«Sufridora»

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email
Share on print

Son tan cómodas las etiquetas…”este chico es un vago, no estudia porque no quiere”, ”este otro es muy listo, con poco estudio saca buenas notas”, ”esta es muy responsable, así que no hay problema”. Es cómodo pensar que solo necesitan ayuda los malos estudiantes pero lo cierto es que hay muchos que rompen los esquemas: chicos estudiosos para los que los exámenes son un calvario y necesitan ayuda para salir de su agujero. En otro artículo hablábamos de los “responsables perezosos” (soy responsable pero me come la vagancia) a los que parece que no se les puede pedir más y no es así. Hoy queremos hablar de chicos y chicas, sobre todo chicas, muy trabajadores pero que sufren mucho con los exámenes. ¡Con todo lo que estudio…¿por qué no consigo las notas que debería y lo paso tan mal? Es más frecuente de lo que parece y suele corresponder a un perfil bastante común (aunque se oye hablar mucho menos de estos que de los malos estudiantes) cuyas síntomas son:

  • Dedican muchas horas al estudio, son muy disciplinados, entregan los trabajos y preparan los exámenes con responsabilidad.
  • Sus padres confían en ellos y no tienen que decirles que estudien, aunque no suelen estar conformes con sus notas. No entienden por qué no sacan mejores notas si los preparan. Los propios hijos tampoco lo entienden y como solución dedican más horas que no suelen aprovechar aunque cuesta creerlo porque…como son tan trabajadoras!
  • Las notas no son muy buenas: van desde las que suspenden alguna (nunca son desastrosas) hasta las que aprueban todo sin tener calificaciones brillantes…lo que es común es su valoración: “¡qué notas más malas!”
  • Todo esto les genera tristeza y angustia que aumenta en las épocas de exámenes llegando a experimentar crisis de ansiedad durante los exámenes y el miedo a no ser capaces de superarlo.

Tras una fase de diagnóstico se suelen encontrar los siguientes fallos:

  • No saben estudiar bien: aunque dicen que entienden la materia, su método abusa de la memoria repetitiva y poco significativa, no es que no entiendan nada sino que tienen una comprensión superficial que ellos consideran adecuada: ante el miedo de no llevar bien la materia, eligen la memoria repetitiva a la comprensiva porque les parece más segura, pero no llegan a detectar lo que no comprenden. El problema es que ese sistema les hace ir muy inseguros al examen porque no dominan la materia, aunque ellas lo achacan a los nervios. Cuando se trata de alumnos de 2º de Bachiller esto se agrava porque algunos profesores les insisten en que deben aprender las preguntas “tal y como se las dan” porque es como deben hacerlas en la selectividad y ellos no ven otra forma de estudiar que la memoria repetitiva. Les cuesta cambiar de método porque “lo dice mi profesor: si no se lo pongo así, está mal” (¡cuesta creerlo pero es bastante frecuente!)
  • Aunque trabajan a diario no suelen estudiar al día, ya que inconscientemente sienten un rechazo por la fase de memorización y se les acaba acumulando materia.
  • Muchos no tienen costumbre de tomar apuntes en clase.
  • Hasta ese momento habían tenido buenas notas y la bajada de notas (a veces siguen aprobando y otras llegan a suspender) va bajando su autoestima y generando mucha ansiedad: no saben  qué les pasa pero se sienten muy mal, mal por ellos y mal por sus padres a los que ven preocupados y sienten que están defraudando.
  • Al llegar el examen, pueden encontrar preguntas que requieren razonar y no solo repetir o, aunque sean preguntas esperadas y preparadas, empiezan a confundir contenidos y no tienen la tranquilidad ni los recursos para pararse a pensar y se les apoderan los nervios sin tener capacidad de autocontrol por lo que puede desembocar en una crisis de ansiedad durante la prueba.
  • ¿HAY SOLUCION? Todos estos problemas se pueden arreglar si se afrontan y se le enseña a la persona a corregir sus fallos. Este tipo de personas tienen una ventaja que es su alta implicación y ganas de mejorar por lo que , habitualmente, se dejan guiar y colaboran activamente en la solución….vamos, ¡qué nos hacen caso¡ No todos los casos son iguales y en cada uno puede ser más importantes un aspecto u otro pero vamos a seguir el orden de las pautas que damos a los casos más frecuentes con los que nos encontramos:
  • 1. Necesitan ser conscientes de cuáles son sus estrategias de aprendizaje, la famosa metacognición, que les haga ser conscientes de su nivel de comprensión de los contenidos que tratan de memorizar y cómo lo hacen. Una buena manera es que traten de explicarlo y se evalúen a sí mismos si saben explicarlo o solo repetirlo. Una vez visto el fallo hay que enseñarle técnicas de comprensión lectora y realización de esquemas y mapas conceptuales que faciliten una buena memorización. Pero con la comprensión no basta y una vez pasada esta primera fase, necesitan asentar el aprendizaje y para eso les recomendamos buscar posibles preguntas de examen (en 2º de Bachiller suelen coincidir con el temario de Selectividad) y redactarlas a modo de entrenamiento para evitar tener que dedicar tiempo en el examen a pensar cómo redactarlo, lo que en otro post llamábamos «cambiazos» (chuletas y cambiazos)
  • 2. Es bueno que analicen sus hábitos de trabajo y aprendan a planificar el estudio para evitar que se les acumule materia. Insistirles en que tomen apuntes en clase para que el aprendizaje se produzca por distintos medios.
  • 3. Tienen que desarrollar su inteligencia emocional: aprender a analizar sus sentimientos y reacciones. Poder poner nombre a lo que les pasa les suele aliviar mucho: «es miedo a fracasar y defraudar a mis padres» y poner por escrito sus pensamientos negativos les ayuda a analizarlos fríamente y darse cuenta hasta qué punto son irracionales y desmesurados: «pienso que si sigo así, no podré acabar el curso»
  • 4. Les suele faltar perspectiva para valorar de distinta manera los distintos exámenes en función de las consecuencias de cada uno y los padres  tienen ahí un papel importante porque a ellos también les cuesta: encontramos casos en 1º y 2º de la ESO que nos hablan de la Selectividad y en 4º preocupadas por la media para la carrera. No decimos que en Bachiller tengan ya motivos para los nervios: son justificables los nervios cuando se necesita una determinada media y se la juegan en un examen pero tienen que aprender a valorar la transcendencia real de cada prueba.
  • 5. Para que mejoren su autoestima, es importante que tengan pequeños logros y que valoren que este camino que les proponemos se dirige a que cambien y mejoren a nivel personal: que se encuentren más tranquilos, que estudien aprendiendo y no solo memorizando, que se conozcan más y sepan controlar y dirigir sus sentimientos. Pero como no suelen ser fuertes, es necesario que los que les rodean, familia y amigos, pero sobre todo padres, valoren más su esfuerzo que los resultados y sean los primeros en no dar excesiva importancia a los resultados, o por lo menos, no dar importancia por sistema. Tienen que enseñarles a valorar lo que hacen y no transmitirles más inseguridad que la que tienen. Para eso, tienen que superar su propio miedo al fracaso.
  • 6. En cuanto a la dificultad de controlar los nervios en los exámenes, hay una gran variedad dependiendo de los síntomas que experimentan (problemas estomacales, respiratorios, mareos, pensamientos negativos…) y de cómo reaccionan y su capacidad de controlarlos. Para todos ellos pueden aprender a hacerlo mediante técnicas de relajación, algo muy útil para la cantidad de pruebas que van a pasar en la vida. Enfrentarse a los exámenes puede ser un aprendizaje para su vida.

Comparte esta entrada con tus amigos

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Más información