Esa dosis justa de autoestima: ¡ni mucha ni poca!

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La autoestima es la percepción que tenemos de nosotros mismos e influye en todos los aspectos de nuestra vida porque determina nuestra mayor o menor seguridad a la hora de enfrentarnos a los retos de la vida tanto emocionales, sociales como laborales (que en el caso de los estudiantes son el rendimiento escolar).

Es bueno tener alta la autoestima pero siempre que sea realista porque con ella nos vamos a enfrentar a las metas que nos hemos planteado y tan malo es el miedo y la inseguridad que nos paralizan como la autosuficiencia que nos hace plantearnos metas demasiado altas o acometerlas sin la preparación necesaria.

Hoy queremos hablar del primer caso porque encontramos muchos alumnos con problemas de baja autoestima como estudiantes y eso les hace sufrir mucho emocionalmente y les impide progresar como debieran.
El estudio es una actividad que constantemente es evaluada, los estudiantes reciben aprobaciones o recriminaciones casi todos los días, cosa que no pasa en otras facetas de la vida. Y la baja autoestima es el sentimiento negativo que surge, tanto antes de intentarlo (la inseguridad y miedo al fracaso), como cuando se produce el fracaso (frustración y desánimo). Además, los chicos y chicas están inmersos en un entorno social en el que conviven muchas horas al día y con un grado de competitividad difícil de gestionar para el que no se siente seguro de sí mismo.

Todo ello forma parte de la Inteligencia Emocional, esencial para el desarrollo personal pero también para el aprendizaje. Reconocer, aceptar y manejar nuestros sentimientos y desarrollarlos de forma controlada, como algo natural, es la base de una vida feliz y también del éxito en el estudio.
Está claro que la autoestima depende mucho del carácter de cada uno, hay personas seguras de sí mismas y otras que se minusvaloran pero, como tantos otros aspectos del carácter, también este evoluciona: las experiencias de la vida lo van moldeando en gran medida pero los educadores también podemos hacer mucho para mejorarla.
No hay que pensar que siempre se trata de estudiantes con bajo rendimiento. Los casos en los que la autoestima está relacionada con el rendimiento escolar pueden ser variados:
Niños y niñas con dificultades, mayores o menores, en el aprendizaje escolar que se van desanimando ante los problemas y fracasos, se van sintiendo incapaces de conseguir sus objetivos y acaban tirando la toalla (“ indefensión aprendida”). Está claro que necesitan apoyo pedagógico para resolver sus problemas de aprendizaje pero también ayuda emocional para reforzar su autoestima y su resiliencia.
Buenos estudiantes con buenas notas pero que no confían en sí mismos y consiguen aprender a base de mucho esfuerzo y sufrimiento. Su miedo a fracasar y su autopercepción negativa les hace caer en la memorización repetitiva por no confiar en su capacidad de elaboración personal. “Me lo aprendo todo de memoria con las palabras de la profesora y así no meto la pata”.
Buenos estudiantes acostumbrados a tener buenos resultados académicos, que “tropiezan” con dificultades en alguna asignatura que no son capaces de superar, o de sacar las buenas notas a las que estaban acostumbrados y que les hunde el ánimo. Son “gigantes con pies de barro”, estudiantes aparentemente muy fuertes pero cuya seguridad se basa en sus notas y cuando estas fallan, no son capaces de superarlo y…se desmotivan.

Pautas para mejorar la autoestima:
1. Enseñarles estrategias para manejar su pensamiento interior:
Aceptarse como son y para eso necesitan conocer sus puntos fuertes y débiles, lo que es la base de la autoestima porque hay que partir de todas las cosas en las que se sienten capaces de triunfar, todo lo positivo que deben valorar, y que tanto les cuesta reconocer en sí mismos, pero también con el punto de autocrítica necesario para aceptarse con sus limitaciones y querer superarlas. Que busquen también las cosas que pueden hacer mejor que los demás.
Convertir los puntos débiles en objetivos de mejora. Elaborar proyectos de superación personal estableciendo las metas y los medios para conseguirlas.
Recordar los momentos de éxito ( especialmente si estuvieron a punto de “tirar la toalla” y finalmente no lo hicieron y triunfaron) les da la energía necesaria para superar el miedo y pensar que pueden y que merece la pena intentarlo. También es bueno recordar los momentos en los que por no haberlo intentado, por creer que no iban a poder, fracasaron y luego se arrepintieron de no haber luchado.

Convertir lo negativo en positivo: Se hacen más valientes si son capaces de convertir: “No puedo hacer esto”por “Cuando confío en mí las cosas me salen mejor”
No generalizar: Aceptar nuestros errores pero no dar por hecho que siempre vamos a fallar.
Fomentar la competitividad sana. Un enemigo de la autoestima es la costumbre de compararnos con otros, sobre todo fijándonos en lo positivo de los demás y lo malo de nosotros. La competencia puede ser buena, pero solo si nos estimula, puesto que si nos bloquea, es mejor competir exclusivamente con nosotros mismos.
Aprender a ser asertivos, lo que requiere trabajar la expresión oral y enfrentarse a distintas personas en distintas situaciones. Es responsabilidad de los adultos no evitarle esos momentos porque de ellos aprenderá mucho.
No sentirse capaz de hacer algo no siempre es un problema de autoestima: es posible que una asignatura sea demasiado difícil y no estén preparados para abordarla o, puede ser también, que un profesor explique mal la materia o ponga exámenes especialmente complicados. Para ello es necesario que aprendan a pedir ayuda, buscar soluciones y no tirar la toalla antes de intentarlo. En algunas ocasiones puede suponer admitir que se han equivocado, reorientar sus planes y renunciar a asignaturas para las que no están preparados o no están dispuestos al esfuerzo que les supondría su preparación. Lo mismo sucede si su problema de autoestima es a nivel social y hay una causa externa que le supera como ocurre en situaciones de bullying, también aquí es esencial pedir ayuda.

2. Unos adultos, padres, profesores y entorno, que:
Conozcan a sus hijos y sepan si necesitan apoyo para superar su baja autoestima o exigencia para reducir su optimismo ingenuo y falta de conciencia de sus limitaciones.
Sean sinceros con ellos a la hora de corregir sus fallos siempre centrándose en conductas o habilidades y no en la persona. Hacer críticas constructivas transmitiendo la confianza en que lo pueden lograr.
Dejarles claro que corregir no significa falta de cariño. Esto es especialmente importante en edades tempranas. Es terrible pero ocurre que hay niños que sienten que sus padres no le quieren si no sacan buenas notas, no meten goles o no son los más populares. Los adultos tenemos mucho que mejorar.
No usen la alabanza indiscriminada como forma de mejorar su autoestima. Alabar por sistema, sin una base real crea “gigantes con pies de barro” con una autoestima aparentemente alta pero débil que no resiste cuando llega el fallo y no recibe lo que espera.
Eviten que se hagan dependientes del reconocimiento de sus adultos. Hay que enseñarles que no siempre que hacen algo bien tienen que recibir nuestro reconocimiento para que aprendan a valorarse sin necesitar el aplauso externo.
Acepten el error y sepan distinguir entre el resultado y el proceso. No vale exigir siempre que los resultados sean buenos. Cuando no lo son hay que analizar el porqué: si ha habido esfuerzo hay que valorarlo y si no, enseñarle a asumir responsabilidades. Esto a muchos padres les parece que es mostrarse débiles ante el fallo y que es más educativa la actitud inflexible o intolerante pero sabemos que en muchos casos genera temor e inseguridad..
Sepan reaccionar con serenidad, sin dejarse llevar de los nervios y transmitiendo que lo importante es esforzarse y aprender, sin obsesionarse con los resultados. A veces los padres se ponen más nerviosos que los hijos y muestran una baja tolerancia a la frustración ante las malas notas y eso hace más débiles a los chicos. Tienen que aprender a valorarse por su esfuerzo y sus logros de aprendizaje y no solo por los resultados, pero lo cierto es que algunos adultos también lo tienen pendiente.
Cuiden la comunicación no verbal porque ellos siempre se miran en el adulto que son una fuente importante de la alta o baja autoestima (“Efecto Pigmalión”). Muchos no son conscientes de estar transmitiendo frustración al ver que su hijo no alcanza sus expectativas (“no, no, si yo no le digo nada, si nunca lo comparo con su hermano pero es que… ¡hay tanta diferencia!”).
Eduquen en la autonomía. La autoestima se construye con pequeños logros que muestran de lo que cada uno es capaz. Por eso hay que tratar de que sean autónomos cuanto antes. Así aprenderán a pelear por conseguir sus metas porque sabrán que depende de ellos.
Que sepan celebrar con ellos. Aprender a valorar y disfrutar los logros aunque sean pequeños. Para subir una escalera hay que hacer esfuerzo en cada escalón, pero antes de emprender el próximo, se debe celebrar lo que se ha conseguido y evitar actitudes de insatisfacción permanente como: “bueno pero esta buena nota no sirve de nada si no apruebo el final”
Relativicen éxitos y fracasos, como decía Vicente del Bosque: “ No son los mejores cuando triunfan, ni los peores cuando fracasan”. Son mucho más que sus notas y no siempre sus resultados indican el trabajo que ha habido antes.

La vida les va a fortalecer con sus experiencias pero si les ayudamos a quererse más, les estaremos dando herramientas para hacerlo por sí mismos.

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