Es la hora de la Educación

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email
Share on print

No creo ser la única que si le ofrecieran un deseo pediría volver a la vida normal, poder disfrutar del verano y empezar el otoño con la ilusión de todos los años.

Pero vivimos en un “ay” de miedos: a contagiarnos, a contagiar a nuestros mayores, a conservar el trabajo… Ahora resulta que la vida era fácil hasta que llegó el virus…y nosotros sin saberlo.

¿Y quién arregla esto? Esperamos la vacuna de los científicos (pero va a tardar), los nuevos tratamientos de los sanitarios (pero no queremos llegar a enfermar) o las normativas oficiales que “garantizan” la seguridad (y también hunden la economía).

Como me dedico a la Educación, estoy especialmente preocupada por el comienzo de las clases y puedo imaginar cómo estarán en los centros escolares que tienen que organizarse para poder atender a los alumnos presencialmente (que es lo que todo el mundo quiere) y a la vez prevenir los contagios, algo complicadísimo por no decir imposible: para separar a los alumnos necesitan muchas más instalaciones, medios y profesores de los que tienen.

Estoy segura de que van a hacer todo lo que puedan y algo más. Lo malo es que hay una parte que no pueden controlar, esos alumnos bien separados en clase se pueden juntar 5 minutos antes o el fin de semana o en el autobús y tirar por la borda todo el esfuerzo: 1 contagiado y toda la clase confinada, puede ser un caos.

Ejemplos de imprudencia tenemos de todas las edades, no nos engañemos reduciendo todo a los botellones.

Complicado y muy sencillo a la vez. Los que entienden nos dicen que se puede prevenir el contagio con conductas básicas si las seguimos a rajatabla y haciendo vida normal: mascarilla, distancia y jabón, pero siempre y en todas partes: en el cole, el bar, el autobús e incluso en casa!

Será fácil pero no lo estamos sabiendo hacer y nos estamos jugando mucho como para no conseguirlo.

Para hacerlo necesitamos conciencia del peligro (no nos contagian más los desconocidos que los amigos), respeto a los demás, un poco de disciplina “japonesa” y estar muy atentos a muchas conductas que hacemos sin pensar constantemente.

Y es algo que corresponde a la EDUCACIÓN: la de los niños y adolescentes corresponde a familias y centros escolares. Merece mucho más la pena dedicar los esfuerzos a esto que a separarlos en clase.

¿Y quién nos educa a los adultos? Es muy triste que nos tengan que poner multas, y muy egoísta que pidamos sacrificios a los demás: la mayor la de los sanitarios, pero también investigadores, hosteleros y ahora les toca a los centros escolares y no ser capaces de controlarnos a nosotros y a nuestros hijos.

Con vacuna o sin ella, necesitamos EDUCACIÓN.

Olga Ibiricu Díaz.

Comparte esta entrada con tus amigos

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Más información