Esta sencilla frase recoge las faltas de ortografía más frecuentes que me suelo encontrar en los mensajes que nos envían los adolescentes, casi siempre por whatsApp. No me la he inventado, la recibí ayer mismo y quien la envió estaba tan contento que, sinceramente, no consideré oportuno aguarle la fiesta haciendo las correcciones pertinentes. Ahora bien, me hizo pensar no sólo que este problema va a más sino sobre todo que se está normalizando: asunto realmente preocupante.
Hace unos cuantos años, un escrito con faltas de ortografía denotaba un bajo nivel cultural. Eran muchas las personas que no tenían la oportunidad de formarse y por tanto no se les podía exigir más. Y ahora, la época histórica en la que hay un mayor acceso a la educación, resulta paradójico que uno de los problemas más acuciantes con los que se encuentra la enseñanza sea la gran cantidad de faltas de ortografía que cometen los alumnos. Si bien es verdad que hay personas que manifiestan una dificultad especial a la hora de escribir correctamente, creo que en la mayoría de los casos, este problema se debe a una absoluta dejadez. Los formadores ante ésta actuamos muchas veces con total impunidad, aduciendo argumentos tales como “seguro que sabe cómo se escribe y ha fallado por la prisa o porque está habituado a hacerlo así por el móvil, que parece invitar a cometerlas”
La cruda realidad es que se ha aflojado el nivel de exigencia y que muy de vez en cuando los alumnos topan con profesores para los que la ortografía es sumamente importante y penalizan las faltas que cometen, llegando incluso a suspender sus controles. No obstante lo grave del asunto no es tanto el control suspendido, como el hábito de escribir sin cuidado.
Los formadores hemos de tener siempre en cuenta que en todas las etapas de la vida, incluida la laboral, la escritura personal es nuestra principal tarjeta de presentación y que de ella va a depender el que demos una buena o pésima imagen.
Es hora por tanto de pararnos a pensar y proponer estrategias que solucionen y frenen el rápido avance de esta “lacra social”.