¡De vago nada: Nos ayuda muchísimo!

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No somos especialistas en anatomía pero hay partes de esta apasionante disciplina que son esenciales para los psicólogos, como es el Sistema Nervioso y dentro de él, hay una muy especial como es el Nervio Vago por su gran relación con los problemas de ansiedad.

Os lo presento brevemente: El nervio vago es el número 10 de los nervios craneales, llamado el décimo par craneal ( o neumogástrico) y se llama vago porque “vaga” recorriendo distintas partes de nuestro cuerpo y tiene una gran relación con nuestras emociones.

La parte inferior de nuestro encéfalo está compuesto por una compleja red de nervios que conocemos como  “nervios o “pares craneales”. Son 12 con distintas funciones. El nervio vago es uno de ellos. Su curso es el más largo de los nervios craneales, baja hacia las vísceras del abdomen, “vagando”,  conectándose con los diferentes órganos que encuentra y recogiendo información sensorial de lo que pasa en ellos que envía al cerebro y también como efector, provocando respuestas en esos órganos. 

Se conecta, entre otros, con la zona de la garganta, los pulmones, el corazón y los órganos digestivos.  Son los nervios que dan sensibilidad a las mucosas respiratorias (faringe, laringe, esófago, tráquea, pulmones y bronquios) y transmiten el ritmo, la fuerza y la frecuencia a la respiración y los latidos cardíacos. Y si le seguimos en el final de su recorrido, llegamos al intestino donde tenemos el mayor número de células del sistema inmunitario. 

Por lo tanto, como este nervio es una vía de comunicación entre el cuerpo y el cerebro, su actividad tiene un impacto directo en nuestra mente, pensamientos y  sentimientos: Cuando el nervio vago está mal, todas esas partes de nuestro cuerpo pueden sufrir y, viceversa, cuando tenemos problemas emocionales, a través del nervio vago se generan síntomas “físicos” en esas partes del cuerpo, lo que explica muchas enfermedades psicosomáticas: origen psicológico pero  manifestación corporal. Es muy importante conocerlo porque abre posibilidades al tratamiento de muchos de esos problemas. 

En el sistema nervioso autónomo, responsable de los actos involuntarios de nuestro cuerpo, hay 2 partes: la simpática, que nos activa y prepara para la acción, lucha o huida y la parasimpática, la del descanso, la que nos ayuda a relajarnos y el nervio Vago es el gran protagonista de esta última por ser el efector neural más predominante, lo que le hace intermediario de muchos tratamientos para reducir la ansiedad. En concreto este nervio juega un papel muy importante en la regulación de la fisiología de los órganos internos: Lo necesitamos para que nuestro cuerpo funcione bien, sin ser conscientes ni tener que preocuparnos. 

  • Estimula la producción de ácido gástrico y regula los movimientos gastrointestinales durante la fase de la digestión, ayudando a procesar los alimentos, envía información sobre lo que se digiere (regula la saciedad) y lo que sale del cuerpo. Produce el reflejo de la tos, la deglución o el vómito. Nos hace relajarnos después de comer. 
  • Ayuda a regular los latidos del corazón (disminuyendo la frecuencia del ritmo cardíaco cuando percibe que el cuerpo necesita relajarse)
  • Mantiene nuestra respiración, pone en comunicación el diafragma con el cerebro y puede transmitir calma.
  • Regula las inflamaciones que el sistema inmune genera ante situaciones de estrés. 

Pero también tiene un papel esencial en la regulación de nuestra conducta ante el estrés por su conexión con el sistema nervioso central: Lo necesitamos para que nuestra psique funciones bien

  • Cuando hay un cambio en el entorno, el sistema nervioso simpático se encarga de preparar el cuerpo para la huída segregando las hormonas del estrés. Cuando la amenaza ha desaparecido o no es una amenaza real, el cerebro activa el freno vagal, reduce esas hormonas y el cuerpo se relaja. Esa reacción vagal la dirige el sistema autónomo y se produce involuntariamente pero también puede ser dirigida por el sistema nervioso central como una conducta voluntaria y racional que hace que la persona se controle. En caso contrario, la persona se descontrola y se producen reacciones de ansiedad que pueden llegar al pánico.

Existen muchas patologías provocadas por trastornos o pinzamientos del nervio Vago cuya causa no siempre es diagnosticada como por ejemplo la neuralgia vagal, la gastroparesia, migrañas abdominales y muchas más pero hoy nos centraremos especialmente en los problemas de ansiedad relacionados con el nervio vago porque da luz a tratar uno de los problemas psicológicos que más está creciendo en estos tiempos (provocado o no por la pandemia y sus consecuencias de aislamiento social, miedos…). En la mayoría de los casos la ansiedad tiene una causa psicológica que hay que tratar con terapias psicológicas, buscar el origen e implicar a la persona para afrontarlo voluntariamente pero si, además, conocemos los mecanismos fisiológicos que se desencadenan, se puede afrontar el problema de modo más completo y eficaz. Si el nervio vago está interviniendo en estos casos, una vía de tratamiento está en su estimulación para aumentar su tono y entre las posibilidades encontramos muchas que tradicionalmente se han utilizado para tratar la ansiedad porque funcionaban pero sin conocer su base fisiológica.  

Entre los casos más habituales están los ataques de ansiedad que se manifiestan de forma llamativa en los órganos conectados con el nervio vago (garganta, aparato digestivo, respiratorio y corazón) con síntomas como aumento del ritmo cardíaco, hiperventilación, sudoración, temblores y sensación de agotamiento. En otras ocasiones como respuesta adaptativa se puede producir el síncope vasovagal: ante una situación de estrés, para que el cuerpo no reaccione en forma de  alarma, el nervio vago reduce la actividad cardiaca, la sangre baja a las piernas y la persona se desmaya. 

Como principal tratamiento para prevenir y superar problemas de ansiedad, proponemos la relajación, un tesoro al alcance de todos. Sabemos que nuestra cultura occidental no ha sido tradicionalmente muy amiga de actividades como el mindfulness, yoga, relajación o meditación pero, afortunadamente, hoy hay cada vez más gente que las practica. Son actividades que ayudan de forma global al bienestar físico y mental, pero si queremos ayudar a superar un problema de ansiedad, es recomendable practicar una relajación completa y dirigida que incluya control de la respiración, relajación muscular y visual, análisis de procesos cognitivos y fisiológicos y entrenamiento de respuestas adaptativas. Así estamos trabajando las causas psicológicas de la ansiedad pero también sus manifestaciones fisiológicas y psicológicas, aprovechando la información que los neurotransmisores a través del nervio vago envían de la mente hacia los órganos y viceversa, para detectar situaciones de peligro y también provocar conductas que lleven a la calma. Practicar el control mental durante la relajación ayuda a prevenir y saber afrontar situaciones que requieren un dominio del cuerpo y la mente. 

Hay otros consejos para darle tono al nervio vago que la sabiduría popular ha recomendado tradicionalmente de forma intuitiva (sin conocer la base fisiológica que la Ciencia nos explica) para controlar estados de ansiedad: 

  1. Practicar la respiración abdominal. Para ello nos sentamos con la espalda recta y hombros relajados o nos tumbamos boca arriba.Con una mano en el abdomen y la otra en el pecho, inspiramos por la nariz dos segundos, sintiendo que el aire entra en el abdomen y este se expande, elevándose el estómago se eleva por encima del pecho. Aguantar unos segundos y luego expulsar el aire por la boca despacio como si soplamos una vela no para que se apague sino solo para mover la llama ligeramente. El profesor Emilio Garrido solía decirnos que si la respiración la vendieran en las farmacias, la gente pagaría por ella, algo que muchas personas han comprobado al ver sus rápidos efectos en el estado de ánimo. 
  2. Lavarse la cara con agua fría (especialmente en la frente y la nuca) o  un baño con agua fresca. (La hidroterapia la recomendaba ya Hipócrates hace muchos años) 
  3. Actividades de la garganta como cantar, recitar, hacer  gárgaras porque hacen vibrar la garganta También ayuda pasar la lengua entre los dientes y las mejillas interiores. Si estoy nervioso o deprimido me cuesta hablar y si practico estas actividades consigo encontrarme mejor.  
  4. Recibir Masajes  (muy eficaces para calmar los cólicos del lactante)
  5. Mejorar la postura: Prácticas como el yoga o pilates ayudan mucho.
  6. Un ejercicio sencillo para practicar a diario: tumbados en una superficie inclinada, con la cabeza más baja que los pies, un paño húmedo y fresco sobre la frente y practicar la respiración abdominal unas 6 veces. Al acabar, levántate despacio y espera 5 minutos antes de levantarte disfrutando del descanso.  Al acabar es bueno beber un vaso de agua fresca
  7. Consumir probióticos: que enriquecen el microbioma que defienden el organismo de patógenos y ayudan a la digestión extrayendo sustancias químicas buenas para el cerebro que llegan a él a gracias al nervio vago. Los alimentos recomendados son los que son ricos en fibra como las verduras y los que se obtienen a partir de la fermentación como el kéfir, el chucrut y el yogurt.

Tenemos la suerte de contar con un Sistema Nervioso Autónomo que funciona sin que tengamos que preocuparnos ni dirigirlo pero si lo conocemos mejor y aprendemos a manejarlo, tanto con ejercicios físicos que lo estimulan como con terapia psicológica que a través del Sistema Nervioso Central lo dirige, podemos mejorar nuestra salud física y psicológica. 

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