La adolescencia, una etapa vertiginosa

La adolescencia se define como “el período de la vida de una persona comprendido entre la aparición de la pubertad, que marca el final de la infancia, y el inicio de la edad adulta”. Desde el punto de vista de la neurociencia es un periodo de grandes oportunidades en el que de manera vertiginosa se producirán profundos cambios en la estructura y funciones del cerebro, con el añadido de una metamorfosis física y un aumento progresivo de demanda en el rendimiento cognitivo y conductual. Estos cambios marcarán las características esenciales del neurodesarrollo en dicha etapa.

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El cerebro cambiará sus conexiones –plasticidad-, su estructura y se reordenará

Aproximadamente entre los 8 a los 18 años la sustancia gris se va convirtiendo en sustancia blanca y al mismo tiempo se perfeccionan las funciones necesarias en los procesos de cognición. Unas áreas crecerán y otras se reducirán mediante una especie de poda de las ramificaciones que eliminará lo superfluo. En los meses previos a la pubertad se produce la segunda proliferación dendrítica que poco a poco irá declinando por efecto de la poda neuronal. La denominada poda neuronal es un proceso que elimina las conexiones neuronales que menos se utilizan para reforzar las que más se utilizan.

¿Y qué son las sustancias blanca y gris?

Para entenderlo diríamos que son variedades de coloración debido a la composición de distintas áreas en el cerebro y que conlleva una apariencia oscura en la parte externa del cerebro y otra central más pálida. La sustancia gris, la parte oscura, rodea toda la superficie del cerebro a modo de corteza y deja en el interior la sustancia blanca cuyo color se debe a una proteína, la mielina. Si relacionamos estructura con funcionalidad diríamos que el color gris está relacionado con la adquisición y gestión de la información que permite ordenarla para dar una respuesta también ordenada y, por otro lado, el blanco es el área de la conexión entre estructuras que permite transmitir  la información de una a otra.

¿Por qué hablamos de los tipos de materia del cerebro?

Porque la adolescencia es un periodo de un gran potencial de aprendizaje en el que la densidad de la sustancia gris es muy importante por la relación existente entre rendimiento cognitivo y desarrollo cerebral. El incremento de la materia blanca durante la adolescencia indicará la mielinización progresiva de las conexiones neuronales, tanto en la corteza prefrontal como en las vías que la unen a otras zonas cerebrales, lo que va a suponer una transmisión neuronal más rápida y precisa. La mielinización es la principal responsable de este gran aumento de la conectividad.

Lo característico de esta etapa es el gran aumento de conectividad y no tanto el crecimiento de áreas del cerebro. Aumenta la eficiencia de las conexiones entre diversos centros cerebrales, sobre todo hipocampo y córtex frontal y aumenta la conexión interhemisférica (cuerpo calloso). Todos estos cambios en el córtex prefrontal conllevarán una activación más eficiente en esta zona durante la realización de tareas cognitivas, lo que irá cambiando las respuestas del adolescente ante distintas situaciones.

 ¿Qué marcará las conductas del adolescente?

Al comienzo de la adolescencia la autorregulación conductual dependerá de forma exclusiva de un inmaduro córtex prefrontal, área del cerebro que se ubica en torno a la frente por encima de los ojos. Esta zona cerebral, ya a finales de la adolescencia se hará más eficaz debido a que la responsabilidad del control estará repartida entre varias áreas cerebrales.

El córtex prefrontal se encarga de varias funciones como la memoria de trabajo, la orientación de la atención, la inhibición de respuestas automáticas y la monitorización de la conducta en función de los feedback. En la adolescencia el córtex prefrontal presentará cierta inmadurez y producirá una falta de sincronía entre el área frontal relacionada con los procesos cognitivos y su orientación en la resolución de situaciones complejas. La falta de sincronía, que además está determinada por la actividad límbica, no estará suficientemente contrarrestada por el córtex frontal y se generará una alta actividad límbica en la adolescencia que determinará problemas de regulación emocional hacia conductas relacionadas con la búsqueda de novedades y un alto deseo de gratificación.

¿Qué es el sistema límbico?

Es el conjunto de zonas del cerebro encargadas de regular las emociones, entre otras funciones. Este sistema influirá en la adolescencia hacia una alta preferencia por la recompensa inmediata: un subconjunto de las conductas de búsqueda de sensaciones, aunque también tienen mucha similitud con las conductas adictivas, pues ambas implican procesos de toma de decisiones.

“Existe una abundante literatura empírica que indica que estas conductas suelen emerger, aumentar y tocar techo a lo largo de la adolescencia para disminuir claramente durante la adultez temprana (Arnett, 1992; Jessor, 1998; Oliva, 2004)”.

Y hablando de conductas, ¿qué cambios conductuales surgirán?

Madurar conlleva transformaciones emocionales, mentales, psicológicas y sociales en las que influyen las hormonas sexuales, cuya concentración se incrementa con la pubertad. Aumentará el interés por la actividad sexual, se experimentan cambios en la motivación, los impulsos y las emociones. En definitiva, se alterará el mundo afectivo personal en una etapa en la que los sistemas que integran las emociones en las decisiones racionales, al regular y controlar las respuestas emocionales de forma autónoma, aún estarán madurando.

Por otra parte, se establecerán los circuitos que permitan la memoria autobiográfica, imprescindible para formar la propia identidad. Se despertará el querer saber quién soy y cómo soy. El adolescente priorizará relacionarse socialmente, agradar y gustar. El estrés se disparará ante peligros o conflictos en las relaciones con los demás. Conversaciones para compartir su intimidad relajarán su estrés, gracias a que los estrógenos activan la liberación de dopamina -hormona de la felicidad- y de oxitocina -hormona de la confianza- que a su vez alimentarán ese impulso en busca de intimidad.

Para finalizar, el cerebro permanecerá expuesto a cambios toda la vida, aunque no de manera tan acusada como en la adolescencia. Esto dependerá de las experiencias, decisiones y convicciones que se vayan asumiendo. De modo que nada está escrito: con nuestra conducta mantenemos la posibilidad de desarrollar hábitos y rehacer los circuitos distorsionados a lo largo del tiempo.

 ¿Cómo rehacer estos circuitos distorsionados?

La maduración alcanzará las áreas frontales que controlan y aúnan lo afectivo y lo cognitivo. En cuanto a los factores contextuales que puedan favorecer el desarrollo de la corteza prefrontal y sus capacidades regulatorias, un entorno enriquecido y unas actividades estimulantes en las que se pongan en práctica estrategias de planificación y toma de decisiones pueden ser muy importantes. Pero no sólo la estimulación ambiental puede favorecer la maduración prefrontal, también hay que destacar el papel del afecto y el apoyo parental durante esta etapa. El establecimiento y la regulación de los circuitos cerebrales se modelan precisamente con la educación y la propia conducta.

 

 

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